Un libro digno de confianza. Primera parte
Egipto en la historia bíblica
La Biblia se escribió durante un período de mil seiscientos años. En sus páginas quedaron registrados sucesos históricos y profecías que guardan relación con siete potencias mundiales: Egipto, Asiria, Babilonia, Medopersia, Grecia, Roma y la formada por Gran Bretaña y Estados Unidos. Dedicaremos una serie de siete artículos a analizarlas una por una. ¿Con qué objetivo? Demostrar que la Biblia es confiable e inspirada por Dios y que transmite el esperanzador mensaje de que acabará el sufrimiento causado por la mala administración humana.
EGIPTO , famoso por sus pirámides y por el río Nilo, fue la primera potencia mundial de la historia bíblica, a cuyo amparo se formó la nación de Israel. El escritor de los primeros cinco libros de la Biblia, Moisés, nació y se educó en Egipto. ¿Corroboran la arqueología y la historia seglar lo que Moisés escribió sobre aquel antiguo país? Analicemos algunos ejemplos.
Historia fiable
Títulos y terminología.
La exactitud histórica a menudo se manifiesta en los detalles: cosas como las costumbres, el protocolo, y los nombres y títulos de las autoridades. ¿Qué puede decirse a este respecto de Génesis y Éxodo, los dos primeros libros de la Biblia? En su obra New Light on Hebrew Origins (Descubrimientos recientes sobre los orígenes del hebreo), J. Garrow Duncan dice respecto al relato de Génesis sobre José, uno de los hijos del patriarca Jacob, y al libro bíblico de Éxodo: “[Su escritor] estaba totalmente familiarizado con el idioma, las costumbres, las creencias, la vida en la corte, el protocolo y la burocracia de los egipcios”. Y añade: “Utiliza el título correcto, tal como se usaba durante el período al que se hace referencia. [...] De hecho, nada prueba de forma más convincente el conocimiento detallado del mundo egipcio en el antiguo Testamento y la confiabilidad de los escritores que el uso de la palabra faraón en diferentes períodos”. Duncan afirma también: “Cuando [el escritor] lleva a sus personajes ante la presencia del faraón, les hace seguir el protocolo de la corte y utilizar el lenguaje adecuado”.
Aún hoy día se usan en Egipto ladrillos hechos con paja y secados al sol
Fabricación de ladrillos.
Durante el tiempo que pasaron esclavizados en Egipto, los israelitas tuvieron que hacer ladrillos de barro que mezclaban con paja para darles consistencia (Éxodo 1:14; 5:6-18 ). Hace años, el libro Ancient Egyptian Materials and Industries (Materiales e industrias del antiguo Egipto) explicó: “En pocos sitios se han fabricado más [ladrillos] que en Egipto, donde los ladrillos secados al sol siguen siendo, como siempre lo han sido, el material de construcción característico del país”. El libro también menciona “la costumbre egipcia de utilizar paja para hacer los ladrillos”, lo que confirma ese detalle adicional mencionado en la Biblia.
Algunos accesorios egipcios para el afeitado: navaja y espejo
Afeitado.
Los hebreos de la antigüedad llevaban barba. Ahora bien, la Biblia dice que José se afeitó antes de comparecer ante el faraón (Génesis 41:14 ). ¿Por qué lo hizo? Para seguir la costumbre y el protocolo de los egipcios, para quienes el vello facial era algo sucio. “[Los egipcios] se enorgullecían de estar bien afeitados”, explica el libro Everyday Life in Ancient Egypt (La vida cotidiana en el antiguo Egipto). De hecho, en las tumbas se han encontrado estuches de belleza con navajas, pinzas y espejos. Obviamente, Moisés fue un cronista minucioso. Lo mismo puede decirse de otros escritores bíblicos que documentaron hechos relacionados con el antiguo Egipto.
El comercio.
Jeremías, escritor de los dos libros de los Reyes, incluyó detalles específicos sobre el comercio de caballos y carros de guerra que mantuvo el rey Salomón con los egipcios y los hititas. La Biblia explica que un carro de guerra costaba “seiscientas piezas de plata, y un caballo [...] ciento cincuenta”, es decir, la cuarta parte del precio de un carro (1 Reyes 10:29 ).
Según el libro Archaeology and the Religion of Israel, tanto los escritos del historiador griego Herodoto como los hallazgos arqueológicos confirman que hubo un intenso comercio de caballos y carros de guerra durante el reinado de Salomón. De hecho, el libro señala que “se estableció una tasa estándar de intercambio de cuatro [...] caballos por un carro egipcio”, proporción que confirma la mencionada en la Biblia.
Guerra.
Jeremías y Esdras revelan que el faraón Sisaq invadió Judá, diciendo específicamente que lo hizo “en el año quinto del rey [de Judá] Rehoboam”, es decir, el 993 antes de nuestra era (1 Reyes 14:25-28; 2 Crónicas 12:1-12 ). Durante mucho tiempo, solo hubo constancia de aquella invasión en las páginas de la Biblia. Pero luego se descubrió un relieve en la pared de un templo egipcio en Karnak (la antigua Tebas).
El relieve representa a Sisaq de pie ante el dios Amón. El faraón aparece con el brazo levantado en actitud de golpear a los cautivos. Se incluyen los nombres de las ciudades israelitas conquistadas, muchas de las cuales corresponden a lugares de la geografía bíblica. Además, se menciona “el campo de Abrahán”, lo que constituye la primera referencia al patriarca bíblico Abrahán en los anales egipcios (Génesis 25:7-10 ).
Queda patente que los escritores bíblicos no redactaron obras de ficción. Sabían que eran responsables ante Dios, y por ello escribieron la verdad, aunque resultara poco halagadora, como en el caso de las victorias de Sisaq en Judá. Semejante franqueza contrasta agudamente con las crónicas adornadas y exageradas de los antiguos escribas egipcios, que se negaban a guardar registro de nada que no favoreciera a sus gobernantes o a la nación.
Profecía confiable
Solo Jehová Dios, el autor de la Biblia, puede predecir el futuro sin equivocarse. Fíjese, por ejemplo, en las palabras que inspiró a Jeremías respecto a dos ciudades egipcias: Menfis y Tebas. Menfis, o Nof, fue en su tiempo un importante centro comercial, político y religioso. No obstante, Jehová predijo: “Nof misma llegará a ser un simple objeto de pasmo y realmente será incendiada, de modo que quede sin habitante” (Jeremías 46:19 ). Y así sucedió. El libro In the Steps of Moses the Lawgiver (Tras los pasos del legislador Moisés) revela que “las enormes ruinas de Menfis” fueron saqueadas por los conquistadores árabes, quienes las utilizaron como cantera. Añade que en la actualidad, “dentro del perímetro de la ciudad antigua no sobresale del negro suelo ni una sola piedra”.
Estatua colosal hallada cerca de Menfis. Antiguamente se erguía a 12 metros (40 pies) de altura
Tebas, llamada anteriormente No-amón, o No, tuvo un destino similar junto con sus impotentes dioses. Respecto a esta anterior capital de Egipto y principal centro de adoración del dios Amón, Jehová declaró: “Aquí voy a dirigir mi atención a Amón [...] y a Faraón y a Egipto y a sus dioses [...]. Y ciertamente los daré [...] en la mano de Nabucodorosor el rey de Babilonia” (Jeremías 46:25, 26 ). Tal como se había profetizado, el monarca babilonio conquistó Egipto y la importante ciudad de No-amón. Y después que el soberano persa Cambises II le asestara otro golpe en el año 525 antes de nuestra era, la ciudad entró en una decadencia gradual hasta que los romanos la destruyeron. Es obvio que la exactitud de sus profecías coloca la Biblia en un lugar destacado y nos da confianza en lo que dice respecto a nuestro futuro.
Una esperanza en la que usted puede confiar
La primera profecía que aparece en la Biblia fue escrita por Moisés durante el gobierno de la potencia mundial egipcia. Se encuentra en Génesis 3:15 y dice que Dios produciría una “descendencia”, o prole, que aplastaría a Satanás y a su “descendencia”, es decir, a los que actuaran de la misma forma malvada que Satanás (Juan 8:44; 1 Juan 3:8 ). La “descendencia” principal de Dios resultó ser el Mesías, Jesucristo (Lucas 2:9-14 ).
El dominio del Reino de Cristo abarcará la Tierra entera, de donde eliminará toda la maldad y los gobiernos humanos opresivos. Ya ningún hombre ‘dominará al hombre para perjuicio suyo’ (Eclesiastés 8:9 ). Además, al igual que en la antigüedad Josué introdujo a Israel en la Tierra Prometida, Jesús introducirá a “una gran muchedumbre” de siervos fieles de Dios en una “Tierra Prometida” mucho más extensa, una Tierra limpia que será transformada en un paraíso global (Revelación [Apocalipsis] 7:9, 10, 14, 17; Lucas 23:43 ).
Esa maravillosa esperanza nos hace pensar en otra profecía escrita en tiempos del antiguo Egipto. Podemos leerla enJob 33:24, 25 , y afirma que Dios sacará a los seres humanos incluso del “hoyo”, es decir, la tumba, por medio de una resurrección. Así es, además de aquellos que se librarán de la destrucción venidera de los malvados, muchos millones serán resucitados con la perspectiva de vivir para siempre en un paraíso en la Tierra (Hechos 24:15 ). “La tienda de Dios está con la humanidad —promete Revelación 21:3, 4 —, y él [...] limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor.”
LA ESTELA DE MERNEPTAH
En 1896, los arqueólogos encontraron en un templo funerario egipcio la llamada estela de Merneptah. En este pilar de granito negro se exaltan los logros del rey egipcio Merneptah, que, según se cree, gobernó a finales del siglo XIII antes de nuestra era. En la estela hay inscrito un himno cuya letra dice en parte: “Israel ha sido devastado, ya no hay su simiente”. Es la única referencia a Israel en los textos egipcios antiguos de la que se tiene noticia y también la mención extrabíblica más antigua de este pueblo. La estela fue erigida durante el período bíblico de los jueces, una época documentada en las Escrituras en el libro que lleva ese mismo nombre. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con las crónicas que se limitaban a elogiar a los faraones, Jueces señala tanto las hazañas como los errores cometidos por el pueblo de Israel. Con respecto a los errores, Jueces 2:11, 12 afirma: “Los hijos de Israel se pusieron a hacer lo que era malo a los ojos de Jehová, y a servir a los Baales [dioses cananeos]. Así abandonaron a Jehová [...,] que los había sacado de la tierra de Egipto”. Esa franqueza caracteriza a todas las narraciones bíblicas.
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Un libro digno de confianza. Segunda parte
Asiria en la historia bíblica
Esta es la segunda parte de la serie de artículos publicados en ¡Despertad! sobre las siete potencias mundiales de la historia bíblica. Su objetivo es demostrar que la Biblia es confiable e inspirada por Dios y que transmite el esperanzador mensaje de que por fin acabará el sufrimiento causado por la cruel dominación del hombre por el hombre.
LA SIMPLE mención del nombre de Asiria helaba la sangre de los habitantes del antiguo Oriente Medio. De hecho, el libro bíblico de Jonás dice que cuando este profeta recibió la comisión divina de predicar un mensaje de juicio a Nínive, la capital asiria, salió huyendo en dirección opuesta (Jonás 1:1-3 ). Quizás lo hizo debido a la sanguinaria reputación de los asirios. Ahora bien, ¿por qué tenían esa fama?
Historia fiable
El profeta bíblico Nahúm calificó a Nínive como “el albergue de leones” y “la ciudad de derramamiento de sangre”. Además, declaró: “¡De allí la presa no parte! Hay el sonido del látigo y el sonido del traqueteo de la rueda, y el caballo que arranca y el carro que salta. El jinete montado, y la llama de la espada, y el relámpago de la lanza, y la multitud de los que han sido muertos, y la masa pesada de cadáveres; y de los cuerpos muertos no hay fin. Ellos siguen tropezando entre sus cuerpos muertos” (Nahúm 2:11; 3:1-3 ). ¿Confirman los hechos históricos la descripción de la Biblia sobre la antigua Asiria?
El libro Light From the Ancient Past (Luz del pasado remoto) se refiere a esta nación como “la despiadada máquina de guerra cuya crueldad deliberada aterraba a sus enemigos”. Fíjese en cómo uno de sus reyes, Asurnasirpal II, describe en tono jactancioso el trato que le dispensaba a sus enemigos:
Relieve en piedra que representa cómo se desollaba vivos a los prisioneros
“Edifiqué una columna cerca de la puerta de su ciudad y desollé a todos los principales que se habían sublevado, y cubrí la columna con su piel. A algunos los emparedé dentro de la columna, a algunos los colgué en maderos de la columna [...]. Y desmembré a los oficiales, a los oficiales reales que se habían rebelado [...]. A muchos de sus cautivos los quemé con fuego, y a otros muchos los capturé vivos.” Cuando los arqueólogos excavaron los palacios reales de Asiria, descubrieron que los muros estaban decorados con representaciones del trato inhumano que se daba a los cautivos.
En el año 740 antes de nuestra era, Asiria conquistó Samaria, la capital israelita del reino del norte, y se llevó a sus habitantes al exilio. Ocho años más tarde invadió Judá (2 Reyes 18:13 ). El rey asirio Senaquerib le exigió a Ezequías, rey de Judá, 30 talentos de oro y 300 talentos de plata, y según el registro bíblico, dicho tributo le fue pagado. Pero además, Senaquerib insistió en que Jerusalén, la capital de Judá, debía rendirse incondicionalmente (2 Reyes 18:9-17, 28-31 ).
Prisma que describe en tono jactancioso la invasión de Senaquerib contra Judá
Estos hechos se registran también en los anales de Senaquerib, los cuales fueron descubiertos en Nínive. El relato, escrito en un prisma hexagonal hecho de arcilla, cuenta cómo se vanaglorió el rey asirio Senaquerib: “En cuanto a Ezequías el Judío, no se sometió a mi yugo. Puse sitio a 46 de sus ciudades fuertes, baluartes e innumerables aldehuelas de sus inmediaciones, y (las) conquisté. [...] A él mismo [Ezequías] hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en una jaula”. Luego, el rey afirma que Ezequías le envió “30 talentos de oro, 800 talentos de plata, piedras preciosas [...] (y) toda clase de valiosos tesoros”, exagerando así la cantidad de talentos de plata que recibió.
Observe, sin embargo, que Senaquerib no dice que hubiera conquistado Jerusalén. De hecho, ni siquiera menciona la aplastante derrota que su ejército sufrió por intervención divina. De acuerdo con la Biblia, el ángel de Dios aniquiló a 185.000 soldados asirios en una sola noche (2 Reyes 19:35, 36 ). El erudito Jack Finegan comenta: “En vista del tono jactancioso que impregna habitualmente las inscripciones de los soberanos asirios, difícilmente cabría esperar que Senaquerib registrara tal derrota”.
Profecía confiable
Unos cien años antes de la caída del Imperio asirio, Isaías predijo que Jehová llamaría a cuentas a aquellos arrogantes conquistadores por haberse portado insolentemente con su pueblo escogido. “Me encargaré de la rendición de cuentas por el fruto de la insolencia del corazón del rey de Asiria y por el engreimiento de su altanería de ojos”, declaró Jehová (Isaías 10:12 ). Además, el profeta Nahúm predijo que Nínive sería saqueada, que sus puertas tendrían que ser abiertas a sus enemigos y que sus guardias saldrían huyendo (Nahúm 2:8, 9; 3:7, 13, 17, 19 ). Y no solo eso: Sofonías profetizó que la ciudad llegaría a ser “un yermo desolado” (Sofonías 2:13-15 ).
Aquellas profecías tuvieron su cumplimiento en 632 antes de nuestra era. Ese año, Nínive cayó ante las fuerzas aliadas de los medos y los babilonios, lo que provocó el desastroso final del Imperio asirio. Una crónica de Babilonia que narra ese acontecimiento dice que los conquistadores “se llevaron el gran despojo de la ciudad y el templo” y que convirtieron a la ciudad de Nínive en “un montículo de ruinas”. En la actualidad, precisamente unos montículos de ruinas situados en la orilla oriental del río Tigris frente a la ciudad de Mosul (Irak) marcan el lugar desolado donde una vez estuvo Nínive.
La destrucción de Asiria también contribuyó al cumplimiento de otra profecía bíblica. Anteriormente, en el año 740 antes de nuestra era, Asiria se había llevado al exilio al reino de diez tribus de Israel. Para ese mismo tiempo, el profeta Isaías predijo que Jehová “quebrar[ía] al asirio” y “lo pisote[aría]”. Además, profetizó que Dios juntaría al resto de su pueblo que quedara en Asiria para llevarlo de vuelta a su tierra. Esto es exactamente lo que sucedió unos doscientos años después. ¿Verdad que es sorprendente? (Isaías 11:11, 12; 14:25 .)
Una promesa en la que usted puede confiar
Mucho tiempo antes de que Nínive cayera —cuando los reyes de Asiria todavía causaban terror a sus enemigos—, Isaías predijo la llegada de un gobernante totalmente distinto. Escribió: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; y el regir principesco vendrá a estar sobre su hombro. Y por nombre se le llamará [...] Príncipe de Paz. De la abundancia del regir principesco y de la paz no habrá fin, sobre el trono de David y sobre su reino a fin de establecerlo firmemente y sustentarlo por medio del derecho y por medio de la justicia, desde ahora en adelante y hasta tiempo indefinido. El mismísimo celo de Jehová de los ejércitos hará esto” (Isaías 9:6, 7 ).
El gobierno del “Príncipe de Paz”, Jesucristo, abarcará toda la Tierra. Salmo 72:7, 8 dice: “En sus días el justo brotará, y la abundancia de paz hasta que la luna ya no sea. Y tendrá súbditos de mar a mar y desde el Río hasta los cabos de la tierra”.
Mediante este poderoso “Príncipe de Paz”, Jehová cumplirá la promesa que leemos en Salmo 46:8, 9 : “Vengan, contemplen las actividades de Jehová, como ha establecido acontecimientos pasmosos en la tierra. Hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra. Quiebra el arco y verdaderamente corta en pedazos la lanza; quema los carruajes en el fuego”.
Hoy, el cumplimiento de esa profecía se deja entrever. ¿Cómo? Mediante el programa de educación bíblica que los testigos de Jehová llevan a cabo para enseñar al prójimo, tal como hizo Jesús, a andar en las sendas de la paz. Sin embargo, está claro que ningún ser humano, sino solo Dios, cumplirá la profecía bíblica de Isaías 2:4 : “Tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra”. Contrario a este espíritu, el mundo y sus dirigentes derrochan alrededor de un billón de dólares al año en gastos militares.
La exactitud de los datos históricos y de las profecías que aparecen en la Biblia demuestra que es una obra única en su clase. Las personas sinceras que buscan la verdad pueden tener la certeza de que es un libro digno de confianza. El siguiente artículo de esta serie tratará sobre la antigua Babilonia, capital del tercer gran imperio de la historia bíblica.
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Un libro digno de confianza. Tercera parte
Babilonia en la historia bíblica
Esta es la tercera parte de la serie de artículos publicados en ¡Despertad! sobre las siete potencias mundiales de la historia bíblica. Su objetivo es demostrar que la Biblia es confiable e inspirada por Dios y que transmite el esperanzador mensaje de que por fin acabará el sufrimiento causado por la cruel dominación del hombre por el hombre.
EN UNA fértil llanura a unos 80 kilómetros (50 millas) de la actual Bagdad se erguía antiguamente la impresionante ciudad de Babilonia. Parecía inexpugnable, rodeada como estaba por descomunales muros dobles y un enorme foso. Era una de las ciudades más grandes del mundo antiguo y se hizo célebre por sus majestuosos templos, jardines colgantes y zigurats (torres templo). No es de extrañar que últimamente haya recibido el calificativo de ciudad de maravillas.
Representación artística de la antigua ciudad de Babilonia
En la Biblia se la llamó “Señora de Reinos”, y fue la capital de la tercera potencia mundial de la historia bíblica (Isaías 47:5 ). El Imperio babilónico, al igual que el egipcio y el asirio que le precedieron, desempeñó un destacado papel en la historia bíblica. Esto nos permite comparar lo que la Biblia dice sobre Babilonia con lo que dicen las fuentes profanas.
Historia fiable
El libro bíblico de Daniel habla de un rey de Babilonia llamado Belsasar (Daniel 5:1 ). Pero tiempo atrás, algunas fuentes profanas afirmaban que Belsasar, aunque poderoso, nunca fue rey. ¿Estaba equivocada la Biblia? Veamos. En las ruinas de la ciudad mesopotámica de Ur se desenterraron unos cilindros de arcilla. En uno de ellos aparecía grabada en escritura cuneiforme una oración del rey babilonio Nabonido en favor de su hijo, que en parte decía: “Bel-sar-ussur [es decir, Belsasar], mi hijo mayor”. Hallazgos arqueológicos posteriores confirmaron que Belsasar “actuó como regente durante más de la mitad del reinado de su padre, durante cuyo tiempo era, en realidad [...], rey”, según comenta el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza.
La historia también indica que Babilonia era una ciudad sumamente religiosa, donde la astrología y la adivinación estaban muy extendidas. Por ejemplo, en Ezequiel 21:21 leemos que el rey de Babilonia recurrió a la adivinación para decidir si atacaría Jerusalén o no. Dicho versículo añade que “mir[ó] en el hígado”. ¿Por qué? Porque los babilonios se valían del hígado de animales sacrificados para buscar agüeros. El libro Mesopotamian Astrology dice que en tan solo un yacimiento arqueológico de Babilonia se desenterraron “32 modelos de hígado [en arcilla], todos grabados” con inscripciones de agüeros.
El arqueólogo Nelson Glueck, por su parte, dijo en cierta ocasión: “Llevo treinta años excavando con la Biblia en una mano y la pala en otra, y en cuestión de perspectiva histórica nunca he visto que la Biblia esté equivocada”.
“Llevo treinta años excavando [...], y en cuestión de perspectiva histórica nunca he visto que la Biblia esté equivocada.” (Nelson Glueck)
Profecía confiable
¿Cómo reaccionaría usted si alguien le dijera que una capital importante —como Pekín, Moscú o Washington— va a quedar deshabitada y en ruinas? Seguramente no se lo creería. Pues eso fue justo lo que se predijo de Babilonia. Con unos doscientos años de antelación, alrededor del 732 antes de nuestra era, Jehová Dios inspiró al profeta hebreo Isaías para que pusiera por escrito una profecía sobre la caída de la poderosa Babilonia. Esta decía en parte: “Babilonia, la decoración de reinos, [...] tiene que llegar a ser como cuando Dios derribó a Sodoma y Gomorra. Nunca será habitada, ni residirá por generación tras generación” (Isaías 13:19, 20 ).
Pero ¿por qué predijo Dios la destrucción de Babilonia? En 607, el ejército babilonio destruiría Jerusalén y se llevaría a los supervivientes a Babilonia, donde recibirían un trato cruel (Salmo 137:8, 9 ). Dios predijo que su pueblo tendría que aguantar —merecidamente— esa difícil situación durante setenta años, pero que después los liberaría y los dejaría regresar a su tierra (Jeremías 25:11; 29:10 ).
La Palabra profética de Dios se cumplió. En el año 539, cuando los judíos estaban a punto de terminar sus setenta años de exilio, la “inexpugnable” ciudad de Babilonia fue conquistada por los medos y los persas. Con el tiempo, la ciudad quedó convertida en un montón de ruinas, exactamente como estaba profetizado. Ningún ser humano podía predecir algo semejante. La acción de profetizar, o predecir hechos futuros, distingue al Autor de la Biblia —el Dios verdadero, Jehová— de cualquier otro dios (Isaías 46:9, 10 ).
SE LLAMARÍA CIRO
Una de las profecías más extraordinarias tocante a la caída de Babilonia es la que tiene que ver con su conquistador, el rey Ciro de Persia. Casi dos siglos antes de que Ciro subiera al poder, Jehová Dios predijo que el conquistador de Babilonia se llamaría Ciro. Así fue como lo escribió Isaías por inspiración divina: “Esto es lo que ha dicho Jehová a su ungido, a Ciro, a quien he asido de la diestra, para sojuzgar delante de él naciones, [...] para abrir delante de él las puertas de dos hojas, de modo que las puertas mismas no estén cerradas”. Dios también predijo que el río Éufrates se secaría (Isaías 45:1-3; Jeremías 50:38 ). Los historiadores griegos Heródoto y Jenofonte confirman el cumplimiento de esta asombrosa profecía. Explican que Ciro hizo bajar las aguas desviando el río Éufrates. Entonces el ejército de Ciro entró en la ciudad por sus puertas, que se habían quedado abiertas. Tal como se había profetizado, la poderosa Babilonia cayó “de repente”, en una sola noche (Jeremías 51:8 ).
Una esperanza en la que usted puede confiar
Y hay otra profecía cuyo sorprendente cumplimiento se está viendo en nuestros días. Esta tiene que ver con el rey Nabucodonosor de Babilonia y un sueño que tuvo sobre una imagen inmensa. El cuerpo de la imagen estaba dividido en cinco partes: la cabeza; los pechos y los brazos; el vientre y los muslos; las piernas, y los pies. Cada parte tenía una composición metálica diferente (Daniel 2:31-33 ). Las cinco partes representaban una sucesión de reinos —o gobiernos— que empezó con Babilonia y que continúa hasta el día de hoy con la potencia mundial angloamericana, la séptima de la historia bíblica (Daniel 2:36-41 ).
El profeta Daniel señaló que en la composición de los pies y los dedos de los pies de la imagen había una diferencia notable. En lugar de ser de un metal puro, estaban hechos de hierro mezclado con barro húmedo. Daniel le dio la siguiente explicación a Nabucodonosor: “Como contemplaste hierro mezclado con barro húmedo, llegarán a estar mezclados con la prole de la humanidad; pero no resultará que se mantengan pegados, este a aquel, tal como el hierro no se mezcla con barro moldeado” (Daniel 2:43 ). Y es cierto, la mezcla de hierro y barro resulta frágil: los dos materiales no se “mant[ienen] pegados”. ¡Qué bien le encaja esta descripción al mundo políticamente dividido en el que vivimos!
Daniel también reveló otro importante dato. En el sueño, el rey Nabucodonosor vio una piedra cortada de una montaña que “dio contra la imagen en sus pies de hierro y de barro moldeado, y los trituró” (Daniel 2:34 ). ¿A qué se refieren esas palabras? Daniel mismo lo explicó: “En los días de aquellos reyes [durante el tiempo de la última potencia mundial] el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos, y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos” (Daniel 2:44 ). Esta profecía señaló a un Reino muy diferente de los gobiernos que el hombre conoce. Su Rey es Jesucristo, el Mesías. Y como se ha indicado previamente en esta serie de artículos, este Rey aplastará a Satanás y a todos sus seguidores —tanto humanos como espirituales—, logrando con ello que impere la paz y la armonía en todo el universo (1 Corintios 15:25 ).
BABILONIA LA GRANDE
El libro bíblico de Revelación (Apocalipsis) menciona a una ramera simbólica llamada “Babilonia la Grande” (Revelación 17:5 ). Todo apunta a que esa prostituta simboliza una entidad religiosa. La antigua Babilonia era una ciudad sumamente religiosa, con más de cincuenta templos dedicados a diversas deidades. Los babilonios adoraban trinidades de dioses y creían que el hombre tenía un alma inmortal que en el momento de la muerte descendía a un oscuro mundo de ultratumba. Allí continuaba su existencia “en las tinieblas y en la melancolía de la otra vida”, como lo describe la obra Las grandes religiones. Esas doctrinas acabaron diseminándose por todo el mundo. Tanto es así que hoy día siguen enseñándolas, igual o con algunas modificaciones, las religiones de la cristiandad. Todas esas religiones, en conjunto, constituyen una parte muy destacada de la entidad religiosa mundial denominada en la Biblia “Babilonia la Grande”.
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Un libro digno de confianza. Cuarta parte
Medopersia en la historia bíblica
Esta es la cuarta parte de la serie de artículos publicados en ¡Despertad! sobre las siete potencias mundiales de la historia bíblica. Su objetivo es demostrar que la Biblia es confiable e inspirada por Dios y que transmite el esperanzador mensaje de que por fin acabará el sufrimiento causado por la cruel dominación del hombre por el hombre.
LAS ruinas de palacios y tumbas reales apenas dejan entrever la grandeza, el poder y la riqueza del antiguo imperio dual de Media y Persia. Antes de que se unieran los dos reinos, Media tenía la hegemonía. Pero en 550 antes de nuestra era, los medos pasaron a estar bajo el control del rey persa Ciro II, quien a partir de entonces gobernó sobre el reino constituido por la unión de Media y Persia. En un principio, este inmenso reino ocupaba la región situada al norte del golfo Pérsico, pero acabó extendiéndose desde el mar Egeo y Egipto hasta el noroeste de la India, e incluía Judea.
Medopersia gobernó sobre la nación judía por más de doscientos años: desde que conquistó Babilonia en 539 hasta que fue derrotada por los griegos en 331. Varios libros de la Biblia se refieren a sucesos notables que ocurrieron durante ese tiempo.
Historia fiable
La Biblia cuenta que el rey Ciro II liberó a los judíos cautivos en Babilonia y les dio permiso para regresar a Jerusalén y reconstruir el templo de Dios, que los babilonios habían destruido en el año 607 antes de nuestra era (Esdras 1:1-7; 6:3-5 ). Este relato está corroborado por el Cilindro de Ciro, un documento de arcilla que se descubrió en las ruinas de Babilonia en 1879. La inscripción menciona a Ciro por nombre y narra su política de permitir que quienes habían sido tomados cautivos por las naciones que él conquistaba regresaran a la tierra de sus antepasados con sus objetos religiosos. El escritor bíblico Isaías registró las palabras proféticas de Jehová concernientes a Ciro: “‘Todo aquello en que me deleito él lo llevará a cabo por completo’; aun en mi decir de Jerusalén: ‘Será reedificada’, y del templo: ‘Te será colocado tu fundamento’” (Isaías 44:28 ).
Es más, Ciro ordenó lo siguiente respecto a los fondos para la reconstrucción del templo: “Que el gasto se dé de la casa del rey” (Esdras 6:3, 4 ). Este sobresaliente dato encaja con la historia extrabíblica. Por ejemplo, el libro Persia and the Bible dice: “La política habitual de los reyes persas era apoyar la restauración de los santuarios de su imperio”.
La Biblia nos dice que los adversarios de los judíos escribieron posteriormente una carta a Darío el Grande (llamado también Darío I) en la que ponían en duda que Ciro les hubiera autorizado la reconstrucción del templo. Darío mandó que se buscara el decreto original de Ciro. Y en Ecbátana, la capital de Media, se encontró un rollo en el que constaba dicho decreto. En respuesta, Darío escribió: “Yo, Darío, sí emito una orden. Sea [reconstruido el templo] prestamente”. Con ello cesó la oposición a las obras (Esdras 6:2, 7, 12, 13 ).
La historia extrabíblica confirma estos detalles. Ecbátana era la residencia de verano de Ciro, y es posible que él promulgara su decreto desde allí. Además, los hallazgos arqueológicos indican que los reyes medopersas concedían mucha importancia a las cuestiones religiosas que surgían en su nación y escribían cartas para resolver los conflictos.
Profecía confiable
El profeta Daniel tuvo un sueño inspirado por Dios en el que vio cuatro bestias que iban saliendo del mar, las cuales representaban cuatro potencias mundiales consecutivas. La primera bestia —un león alado— representaba a Babilonia. La segunda era “como un oso”, y “esto era lo que le decían: ‘Levántate, come mucha carne’” (Daniel 7:5 ). El aterrador oso representaba a Medopersia.
Tal como profetizó Daniel, Medopersia manifestó un voraz afán de conquista. Poco después de la visión del profeta, Ciro derrotó a los medos y guerreó contra Lidia y Babilonia. Su hijo Cambises II conquistó Egipto, y gobernantes medopersas posteriores extendieron aún más las fronteras del imperio.
¿Cómo podemos estar seguros de que esa es la interpretación correcta? En otra visión, distinta pero relacionada, Daniel vio un carnero “dando cornadas al oeste y al norte y al sur”. La profecía se cumplió cuando Medopersia dio “cornadas” a otras naciones, entre ellas la poderosa Babilonia. Un ángel de Dios le interpretó a Daniel esta visión, diciéndole: “El carnero que tú viste que poseía los dos cuernos representa a los reyes de Media y Persia” (Daniel 8:3, 4, 20 ).
Además, unos dos siglos antes de la derrota de Babilonia, el profeta Isaías ya había predicho tanto el nombre del rey persa que la conquistaría como la estrategia que utilizaría. Isaías escribió: “Esto es lo que ha dicho Jehová a su ungido, a Ciro, a quien he asido de la diestra, para sojuzgar delante de él naciones, [...] para abrir delante de él las puertas de dos hojas, de modo que las puertas mismas no estén cerradas” (Isaías 45:1 ). Los profetas Isaías y Jeremías predijeron que los “ríos” de Babilonia —los canales alimentados por el río Éufrates y que servían de foso protector— se secarían (Isaías 44:27; Jeremías 50:38 ). Los historiadores griegos Heródoto y Jenofonte confirman la exactitud profética de la Biblia, incluido el hecho de que los babilonios estaban en pleno festín la noche en que Ciro tomó Babilonia (Isaías 21:5, 9; Daniel 5:1-4, 30 ). Después de desviar el río Éufrates, el ejército de Ciro entró en la ciudad por las puertas que habían quedado abiertas a lo largo del río, y apenas encontraron resistencia. ¡La poderosa Babilonia cayó en una sola noche!
La tumba de Ciro todavía puede verse en las ruinas de la antigua Pasargada, en el actual Irán
Este suceso, a su vez, condujo al asombroso cumplimiento de otra profecía. Jeremías había anunciado que el pueblo de Dios permanecería exiliado en Babilonia setenta años (Jeremías 25:11, 12; 29:10 ). Aquella profecía se cumplió en el tiempo exacto, y los exiliados recibieron permiso para regresar a la tierra de sus antepasados.
Una esperanza en la que usted puede confiar
Poco después de que Medopersia conquistara Babilonia, Daniel puso por escrito una profecía que arroja luz sobre un importante suceso en el cumplimiento del propósito de Dios para la humanidad. El ángel Gabriel le informó a Daniel con gran precisión cuándo llegaría el Mesías, la “descendencia” prometida en Génesis 3:15 : “Desde la salida de la palabra de restaurar y reedificar a Jerusalén hasta Mesías el Caudillo, habrá siete semanas, también sesenta y dos semanas”, o sea, un total de 69 semanas (Daniel 9:25 ). ¿Cuándo comenzó ese período profético?
Aunque Ciro permitió que los judíos regresaran a su tierra al poco tiempo de la caída de Babilonia, la ciudad de Jerusalén y sus muros no se reconstruyeron hasta muchos años después. Pero en 455 antes de la era común (a.e.c.), el rey Artajerjes concedió permiso a su copero, el judío Nehemías, para que se desplazara a Jerusalén y dirigiera la reconstrucción (Nehemías 2:1-6 ). Eso marcó el comienzo de las 69 semanas.
Ahora bien, las 69 semanas no eran semanas literales de siete días, sino semanas de años. De hecho, algunas Biblias traducen “semanas” por la expresión “semanas de años” (Daniel 9:24, 25 ). El Mesías llegaría cuando hubieran transcurrido 69 “semanas” de siete años cada una, es decir, 483 años. La profecía se cumplió en el año 29 de la era común, cuando Jesús se bautizó, exactamente 483 años contados a partir del 455 a.e.c.
La precisión con que se cumplió esta profecía de Daniel es otra de las muchas pruebas que confirman la identidad de Jesús, lo que fortalece nuestra esperanza. Jesús, como Rey del Reino celestial de Dios, pondrá fin a la cruel gobernación humana. Después cumplirá muchas otras profecías bíblicas, incluidas las que señalan a la resurrección de los muertos para vivir eternamente en la Tierra convertida en un paraíso ( Daniel 12:2; Juan 5:28, 29; Revelación [Apocalipsis] 21:3-5 ).
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Un libro digno de confianza. Quinta parte
Grecia en la historia bíblica
Esta es la quinta parte de la serie de artículos publicados en ¡Despertad! sobre las siete potencias mundiales de la historia bíblica. Su objetivo es demostrar que la Biblia es confiable e inspirada por Dios y que transmite el esperanzador mensaje de que por fin acabará el sufrimiento causado por la cruel dominación del hombre por el hombre.
EN EL siglo IV antes de nuestra era, un joven macedonio llamado Alejandro hizo que Grecia saltara a la escena mundial. De hecho, la convirtió en la quinta potencia de la historia bíblica, y con el tiempo a él llegó a conocérsele como Alejandro Magno. Los imperios que le precedieron fueron Egipto, Asiria, Babilonia y Medopersia.
Tras la muerte de Alejandro, su imperio se fragmentó y comenzó a desvanecerse. Sin embargo, el influjo de Grecia a través de su cultura, idioma, religión y filosofía perduró mucho después del cese de su influencia política.
La profecía bíblica señaló a Alejandro Magno con unos doscientos años de antelación
Historia fiable
El registro bíblico no indica que hubiera ningún profeta de Dios activo durante la época de la supremacía griega; tampoco se escribió ningún libro bíblico inspirado durante ese tiempo. No obstante, Grecia sí aparece en las profecías bíblicas. Además, las Escrituras Griegas cristianas, conocidas generalmente como el Nuevo Testamento, hacen referencia al influjo griego. Por ejemplo, había un grupo de diez ciudades helenísticas —casi todas en Israel— conocido con el nombre de Decápolis, palabra griega que significa “diez ciudades” (Mateo 4:25; Marcos 5:20; 7:31 ). La Biblia menciona esta región varias veces, y la historia seglar y los impresionantes restos de teatros, anfiteatros, templos y baños dan fe de su existencia.
Las Escrituras contienen además muchas referencias a la cultura y la religión griegas, sobre todo en el libro de Hechos, escrito por el médico Lucas. Analicemos algunos ejemplos.
Al relatar los hechos ocurridos durante la visita del apóstol Pablo a Atenas en el año 50, la Biblia señala que la ciudad estaba “llena de ídolos” (Hechos 17:16 ). Las pruebas históricas confirman que Atenas y su periferia estaban llenas de ídolos y santuarios.
Hechos 17:21 dice que “todos los atenienses y los extranjeros que residían allí temporalmente no pasaban su tiempo libre en ninguna otra cosa sino en decir algo o escuchar algo nuevo”. Los escritos de Tucídides y Demóstenes atestiguan la obsesión de los atenienses por la conversación y el debate.
La Biblia indica específicamente que “filósofos de los epicúreos así como de los estoicos, entablaban conversación polémica con [Pablo]”, y que incluso lo condujeron al Areópago para oír más de lo que tenía que decir (Hechos 17:18, 19 ). En efecto, Atenas era conocida por sus muchos filósofos, entre ellos los epicúreos y los estoicos.
Altar dedicado a un dios desconocido
Pablo habla de un altar ateniense con la inscripción: “A un Dios Desconocido” (Hechos 17:23 ). Los altares dedicados a un dios desconocido posiblemente fueron erigidos por Epiménides de Creta.
En su discurso a los atenienses, Pablo citó las palabras: “Porque también somos linaje de él”, y las atribuyó no a un solo poeta, sino a “ciertos poetas de entre ustedes” (Hechos 17:28 ). Al parecer, se trataba de los poetas Arato y Cleantes.
Con buena razón, un arqueólogo concluyó lo siguiente: “El relato de la visita de Pablo a Atenas tiene para mí el sabor de lo escrito por un testigo ocular”. Igual podría decirse de la descripción bíblica de las experiencias de Pablo en Éfeso (Asia Menor). En el primer siglo de nuestra era, esta ciudad aún mantenía su preferencia por el paganismo griego, en especial el culto a la diosa Ártemis.
Estatua de la diosa efesia Ártemis
El templo de Ártemis, una de las siete maravillas del mundo antiguo, se menciona varias veces en el libro de Hechos. Por ejemplo, se nos dice que el ministerio de Pablo en Éfeso enojó a un platero llamado Demetrio, que tenía un floreciente negocio dedicado a fabricar templetes en plata de la diosa Ártemis. El enfurecido Demetrio dijo: “Este Pablo ha persuadido a una muchedumbre considerable y los ha vuelto a otra opinión, diciendo que no son dioses los que son hechos con las manos” (Hechos 19:23-28 ). Eso encolerizó a los presentes, que comenzaron a gritar: “¡Grande es Ártemis de los efesios!”.
En la actualidad se pueden visitar las ruinas de Éfeso y el lugar donde estaba ubicado el templo de Ártemis. Además, inscripciones antiguas halladas en Éfeso demuestran que se hacían ídolos en honor de la diosa y que había un gremio de plateros en la ciudad.
Profecía confiable
Unos doscientos años antes de Alejandro Magno, el profeta Daniel escribió lo siguiente respecto a la dominación mundial: “¡Mire!, había un macho de las cabras que venía del poniente sobre la superficie de toda la tierra, y no tocaba la tierra. Y en lo que respecta al macho cabrío, había un cuerno conspicuo entre sus ojos. Y siguió viniendo hasta el carnero que poseía los dos cuernos, [...] y vino corriendo hacia él en su poderosa furia. Y [...] procedió a derribar al carnero y a quebrar sus dos cuernos, y resultó que no hubo poder en el carnero para mantenerse firme delante de él. De modo que lo arrojó a la tierra y lo holló [...]. Y el macho de las cabras, por su parte, se dio grandes ínfulas hasta el extremo; pero en cuanto se hizo poderoso, el gran cuerno fue quebrado, y procedieron a subir conspicuamente cuatro en lugar de él, hacia los cuatro vientos de los cielos” (Daniel 8:5-8 ).
La Biblia predijo con exactitud las conquistas de Alejandro Magno y el desmembramiento de su imperio
¿A quién se referían esas palabras? El propio Daniel lo aclara: “El carnero que tú viste que poseía los dos cuernos representa a los reyes de Media y Persia. Y el macho cabrío peludo representa al rey de Grecia; y en cuanto al gran cuerno que estaba entre sus ojos, representa al primer rey” (Daniel 8:20-22 ).
Piense en ello. Durante el tiempo de la potencia mundial babilónica, la Biblia predijo que las potencias siguientes serían Medopersia y Grecia. Además, tal como ya se destacó, la Biblia declaró expresamente que en cuanto se hiciera poderoso, el gran cuerno —Alejandro— sería “quebrantado” y reemplazado por otros cuatro, añadiendo que ninguno de ellos sería descendiente suyo (Daniel 11:4 ).
Esta profecía se cumplió en todo detalle. Alejandro ascendió al trono en 336 antes de nuestra era, y siete años después ya había derrotado al poderoso rey persa Darío III. Posteriormente siguió expandiendo su imperio hasta su prematura muerte en el año 323, a los 32 años de edad. Nadie, ni siquiera un descendiente, sucedió a Alejandro como gobernante absoluto. En vez de eso, sus cuatro generales principales —Lisímaco, Casandro, Seleuco y Tolomeo— “se proclamaron a sí mismos reyes” y tomaron el control del imperio, explica el libro The Hellenistic Age (La época helenística).
Durante sus campañas, Alejandro cumplió también otras profecías bíblicas. Por ejemplo, los profetas Ezequiel y Zacarías, que vivieron durante los siglos VII y VI antes de nuestra era, anunciaron la destrucción de la ciudad de Tiro (Ezequiel 26:3-5, 12; 27:32-36; Zacarías 9:3, 4 ). Ezequiel escribió incluso que sus piedras y su polvo serían colocados “en el medio mismo del agua”. ¿Se cumplieron aquellas palabras?
Alejandro cumplió la profecía bíblica cuando usó los escombros de la ciudad de Tiro ubicada en tierra firme para construir un terraplén y llegar a la parte insular
Veamos lo que las tropas de Alejandro hicieron durante el sitio de Tiro en el año 332. Recogieron los escombros de la antigua ciudad continental y los arrojaron al mar para construir un terraplén de acceso a la parte insular de la ciudad. La estrategia funcionó, y Tiro cayó. Un explorador que visitó la zona en el siglo XIX aseguró: “Las profecías contra Tiro se han cumplido hasta en sus más mínimos detalles”.
Una esperanza en la que usted puede confiar
Las conquistas de Alejandro no resultaron en un mundo pacífico y seguro. Tras analizar el período de dominación de la antigua Grecia, un erudito hizo este comentario: “Las condiciones básicas del común de la gente [...] han cambiado poco”. Esta situación, que se ha repetido a lo largo de la historia, corrobora una vez más la afirmación bíblica de que “el hombre ha dominado al hombre para perjuicio suyo” (Eclesiastés 8:9 ).
No obstante, los malos gobiernos no continuarán indefinidamente, porque Dios ha establecido uno que supera a cualquiera concebido por el ser humano. Llamado el Reino de Dios, reemplazará a todos los gobiernos humanos, y sus súbditos disfrutarán para siempre de verdadera paz y seguridad (Isaías 25:6; 65:21, 22; Daniel 2:35, 44; Revelación [Apocalipsis] 11:15 ).
El Rey del Reino de Dios no es otro que Jesucristo. A diferencia de los gobernantes humanos, arrogantes y sedientos de poder, a Jesús lo motiva el amor a Dios y a la humanidad. Respecto a él, un salmista predijo: “Él librará al pobre que clama por ayuda, también al afligido y a cualquiera que no tiene ayudador. Le tendrá lástima al de condición humilde y al pobre, y las almas de los pobres salvará. De la opresión y de la violencia les redimirá el alma” (Salmo 72:12-14 ).
¿Es ese el tipo de gobernante que usted desea? En tal caso, le interesará leer sobre la sexta potencia de la historia bíblica, Roma. De hecho, fue durante la época romana cuando el anunciado Salvador nació y dejó su huella indeleble en la historia de la humanidad. Lo invitamos a comprobarlo en el sexto artículo de la serie, que encontrará en el siguiente número de esta revista.
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Un libro digno de confianza. Sexta parte
Roma en la historia bíblica
Esta es la sexta parte de la serie de artículos publicados en ¡Despertad! sobre las siete potencias mundiales de la historia bíblica. Su objetivo es demostrar que la Biblia es confiable e inspirada por Dios y que transmite el esperanzador mensaje de que por fin acabará el sufrimiento causado por la cruel dominación del hombre por el hombre.
Pablo viajó por la Vía Apia
JESÚS fundó el cristianismo, y sus seguidores lo difundieron por todo el mundo en tiempos del Imperio romano. Todavía pueden verse calzadas, acueductos y monumentos romanos en países como Gran Bretaña, España y Egipto. Esos vestigios son reales, y nos recuerdan que Jesús y sus apóstoles —así como la historia de sus hechos y palabras— también lo fueron. Por ejemplo, si uno camina por la antigua Vía Apia, estará yendo por la misma ruta que el apóstol Pablo recorrió en su viaje a Roma (Hechos 28:15, 16 ).
Historia fiable
El registro bíblico de las actividades de Jesús y sus discípulos incluye numerosas referencias a hechos históricos del siglo primero. Observe la precisión con que el escritor bíblico Lucas señaló el año que vio dos acontecimientos de excepcional importancia, a saber, el comienzo del ministerio de Juan el Bautista y el bautismo de Jesús, cuando este se convirtió en el Cristo, o Mesías. Lucas dejó constancia de que ambos hechos ocurrieron en “el año decimoquinto del reinado de Tiberio César [29 de nuestra era], cuando Poncio Pilato era gobernador de Judea, y Herodes era gobernante de distrito de Galilea” (Lucas 3:1-3, 21 ). El evangelista mencionó también los nombres de otros cuatro funcionarios importantes: Filipo (hermano de Herodes), Lisanias, Anás y Caifás. Estos siete nombres han sido confirmados por historiadores seglares. De momento, hablaremos de Tiberio, Pilato y Herodes.
Tiberio César es una de las muchas autoridades romanas mencionadas en el Evangelio de Lucas
Tiberio César es muy conocido, y su efigie aparece en varias obras de arte. El Senado romano lo nombró emperador el 15 de septiembre del año 14 de nuestra era, cuando Jesús tenía unos 15 años de edad.
Inscripción con el nombre de Poncio Pilato
Poncio Pilato: su nombre y el de Tiberio se mencionan en un relato del historiador romano Tácito fechado poco después de que se terminara de escribir la Biblia. Con respecto al término cristiano, Tácito dijo: “El autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido justiciado por orden de Poncio Pilato, procurador de la Judea”.
Herodes Antipas fue famoso por haber fundado junto al mar de Galilea la ciudad de Tiberíades, en la que instaló su residencia. Posiblemente fue allí donde ordenó que se le cortara la cabeza a Juan el Bautista.
Los relatos bíblicos también hacen referencia a sucesos notables ocurridos en la época romana. Respecto al tiempo del nacimiento de Jesús, leemos: “Ahora bien, en aquellos días salió un decreto de César Augusto de que se inscribiera toda la tierra habitada (esta primera inscripción se efectuó cuando Quirinio era el gobernador de Siria); y todos se pusieron a viajar para inscribirse, cada uno a su propia ciudad” (Lucas 2:1-3 ).
Tanto Tácito como el historiador judío Josefo nombran a Quirinio. Y la confirmación de que se produjo este tipo de inscripciones se halla en un edicto de un gobernador romano que se conserva en la Biblioteca Británica. Dice así: “Siendo inminente el censo de cada casa, es necesario intimar a todos los que por cualquier causa residan fuera de los [distritos], que vuelvan a sus propios domicilios”.
Las Escrituras también dicen que hubo “una gran hambre [...] en el tiempo [del emperador romano] Claudio” (Hechos 11:28 ). Josefo, quien vivió en el primer siglo, corrobora este hecho: “En aquel momento la ciudad sufría por el hambre, y muchos morían”.
Además, en Hechos 18:2 leemos que “Claudio había ordenado que todos los judíos se fueran de Roma”. Esto queda confirmado por una biografía suya escrita por el historiador romano Suetonio alrededor del año 121. Claudio “expulsó de Roma a los judíos”, dice Suetonio, y añade que los judíos “provocaban alborotos continuamente” debido a su hostilidad hacia los cristianos.
Más o menos por el tiempo en que tuvo lugar aquella hambre, Herodes Agripa, vestido con “ropaje real”, pronunció un discurso ante un público entregado que respondió gritando: “¡Voz de un dios, y no de un hombre!”. Entonces, “llegó a estar comido de gusanos, y expiró” (Hechos 12:21-23 ). Josefo también documentó el hecho, agregando algunos detalles, entre ellos que Agripa pronunció su discurso “cubierto con una vestidura admirablemente tejida de plata”, que “empezó a sentir dolores en el vientre, violentísimos desde el comienzo”, y que murió cinco días más tarde.
Profecía confiable
Por otra parte, la Biblia contiene profecías notables que se escribieron y cumplieron en la época romana. Por ejemplo, cuando Jesús entró cabalgando en Jerusalén, lloró y predijo cómo los ejércitos romanos destruirían la ciudad: “Vendrán días sobre ti en que tus enemigos edificarán en derredor de ti una fortificación de estacas puntiagudas [...], y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no discerniste el tiempo en que se te inspeccionaba” (Lucas 19:41-44 ).
No obstante, los seguidores de Jesús tendrían la posibilidad de escapar. ¿De qué forma? Jesús les dio por adelantado instrucciones concretas: “Cuando vean a Jerusalén cercada de ejércitos acampados, entonces sepan que la desolación de ella se ha acercado. Entonces los que estén en Judea echen a huir a las montañas, y los que estén en medio de Jerusalén retírense” (Lucas 21:20, 21 ). Es probable que los cristianos se hayan preguntado: “¿Cómo escaparemos de una ciudad sitiada?”.
Josefo registró lo sucedido. En el año 66, cuando un gobernador romano se llevó del tesoro del templo dinero para cobrar los impuestos atrasados, los rebeldes judíos se indignaron y masacraron a las tropas romanas, declarándose de hecho independientes. Posteriormente en aquel año, Cestio Galo, gobernador romano de Siria, marchó hacia el sur con 30.000 soldados y llegó a Jerusalén durante una fiesta religiosa. Galo penetró en la periferia de la ciudad e incluso empezó a minar la muralla del templo, donde los rebeldes se habían refugiado. De pronto, sin ninguna razón aparente, decidió marcharse, y los judíos, exaltados, atacaron al ejército en retirada.
Los cristianos fieles no se dejaron engañar por este giro de los acontecimientos. Comprendieron que lo que habían visto era el cumplimiento de la sorprendente profecía de Jesús: la ciudad había sido rodeada por ejércitos acampados. Y ahora, como los ejércitos se habían retirado, aprovecharon la oportunidad para huir. Muchos se fueron a Pela —ciudad gentil políticamente neutral—, ubicada en las montañas al otro lado del Jordán.
¿Qué pasó con Jerusalén? Los ejércitos romanos volvieron —dirigidos por Vespasiano y su hijo Tito—, esta vez con 60.000 soldados. Marcharon sobre la ciudad antes de la Pascua del año 70, dejando atrapados en su interior tanto a residentes como a peregrinos que se habían congregado allí para la fiesta. Las tropas romanas despojaron de árboles el distrito y edificaron una cerca de estacas puntiagudas, tal como Jesús había predicho. Unos cinco meses después, la ciudad cayó.
El Arco de Tito, en Roma, conmemora la destrucción de Jerusalén en el año 70
A pesar de que Tito ordenó que se conservara el templo, un soldado le prendió fuego, y en el lugar no quedó piedra sobre piedra: precisamente como había anunciado Jesús. Según Josefo, murieron 1.100.000 judíos y prosélitos, la mayoría debido al hambre y la peste; otros 97.000 fueron hechos prisioneros. Muchos terminaron como esclavos en Roma. Hoy día, quienes visitan esta ciudad pueden ver el famoso Coliseo, que terminó de edificar Tito después de la campaña de Judea, así como el Arco de Tito, el cual conmemora la conquista de Jerusalén. Como vemos, la profecía bíblica es confiable hasta el último detalle; de ahí que sea tan importante que prestemos atención a lo que dice respecto al futuro.
Una esperanza en la que usted puede confiar
Cuando Jesús compareció ante el gobernador romano Poncio Pilato, habló de un reino, o gobierno, que “no es parte de este mundo” (Juan 18:36 ). De hecho, Jesús enseñó a sus seguidores a orar por ese gobierno con estas palabras: “Venga tu reino. Efectúese tu voluntad, como en el cielo, también sobre la tierra” (Mateo 6:9, 10 ). Notemos que este Reino hará que la voluntad de Dios —y no la de hombres orgullosos y ambiciosos— se cumpla en la Tierra.
Jesús es el Rey de ese Reino celestial y, en armonía con el propósito original de Dios, convertirá la Tierra en un paraíso (Lucas 23:43 ).
¿Cuándo intervendrá el Reino de Dios en los asuntos humanos? Después de su resurrección, Jesús dio una idea de la respuesta. Al apóstol Juan, que para entonces se hallaba preso en la isla de Patmos —durante el mandato del emperador romano Domiciano, hermano de Tito—, le reveló: “Hay siete reyes: cinco han caído, uno es, el otro todavía no ha llegado, pero cuando sí llegue tiene que permanecer un corto tiempo” (Revelación [Apocalipsis] 17:10 ).
Para el momento en que Juan registró dichas palabras, habían caído ya cinco “reyes”, o imperios, a saber: Egipto, Asiria, Babilonia, Medopersia y Grecia. El que imperaba entonces era Roma. Por lo tanto, solo faltaba uno: la última potencia de la historia bíblica. ¿Cuál resultó ser? ¿Cuánto tiempo gobernaría? Dichas preguntas se analizarán en el siguiente número de esta revista
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Un libro digno de confianza. Séptima parte
La séptima potencia mundial
Este es el último de la serie de artículos publicados en ¡Despertad! sobre las siete potencias mundiales de la historia bíblica. Su objetivo es demostrar que la Biblia es confiable e inspirada por Dios y que transmite el esperanzador mensaje de que por fin acabará el sufrimiento causado por la cruel dominación del hombre por el hombre.
VIVIMOS en un tiempo muy especial y significativo: el tiempo en que aparecería la séptima potencia mundial de la historia bíblica. Esta es, además, la única potencia anunciada como profecía pura, ya que las seis anteriores estaban entretejidas en la trama histórica de la Biblia. Con respecto a las siete potencias, o “reyes”, se pronosticó: “Hay siete reyes: cinco han caído, uno es, el otro todavía no ha llegado, pero cuando sí llegue tiene que permanecer un corto tiempo” (Revelación [Apocalipsis] 17:10 ).
Cuando se escribieron esas palabras, hace más de mil novecientos años, cinco de los siete reyes, o imperios políticos, habían caído, a saber: Egipto, Asiria, Babilonia, Medopersia y Grecia. La expresión “uno es” hace alusión a Roma. Pero Roma no perduraría para siempre. Otro imperio la sucedería, aunque según la profecía todavía no había llegado. Conforme a la predicción bíblica, el séptimo “rey” irrumpió en la escena mundial. ¿Quién resultó ser? ¿Dominará indefinidamente? Si no, ¿cómo desaparecerá de escena? La Biblia no nos deja en la ignorancia respecto a este asunto.
Profecía confiable
La séptima potencia empezó a tomar forma cuando Inglaterra, situada en el extremo noroccidental del Imperio romano, emergió de la oscuridad. Para la década de 1760, esta isla-nación se había convertido en el poderoso Imperio británico. Gran Bretaña fue aumentando en poder y riquezas, y ya para el siglo XIX era la nación más rica y poderosa del planeta. “El Imperio británico [...] era el mayor jamás visto en el mundo [...]. Tenía una población de 372 millones de habitantes y abarcaba una extensión de más de 28.000.000 de kilómetros cuadrados [11.000.000 de millas cuadradas].” (Britain 1846-1964: The Challenge of Change.)
ALIANZA NOTABLE
En una conferencia de prensa conjunta con el primer ministro David Cameron, del Reino Unido, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, afirmó en julio de 2010: “Nunca está de más decirlo: Estados Unidos y el Reino Unido gozan de una relación verdaderamente especial; celebramos una herencia común; defendemos los mismos valores. [...] Sobre todo, nuestra alianza crece porque promueve nuestros intereses comunes. [...] Cuando Estados Unidos y el Reino Unido actúan juntos, nuestros pueblos —y los de todo el mundo— están más seguros y son más prósperos. Resumiendo, Estados Unidos no tiene un aliado más cercano ni un socio más poderoso que Gran Bretaña”.
Sin embargo, la primera guerra mundial (1914-1918) llevó a Gran Bretaña a forjar un vínculo especial con Estados Unidos, una antigua colonia; como consecuencia, el Imperio británico dio paso a la alianza angloamericana. Esta es, en muchos sentidos, una potencia dual de habla inglesa que ha subsistido hasta el presente (véase el recuadro “Alianza notable” ).
La profecía de Revelación 17:10 complementa a otra contenida en el libro de Daniel. Este profeta escribió sobre una “imagen inmensa” que contempló el rey babilonio Nabucodonosor en una visión dada por Dios (Daniel 2:28, 31-43 ). Daniel hizo saber al monarca que las distintas secciones de la imagen representaban los imperios políticos que se sucederían a partir de Babilonia, la potencia mundial de aquella época (Egipto y Asiria ya habían ascendido y caído). La historia confirma lo siguiente:
La cabeza de oro representó al Imperio babilónico.
El pecho y los brazos de plata simbolizaron a Medopersia.
El vientre y los muslos de cobre señalaron a la antigua Grecia.
Las piernas de hierro prefiguraron al Imperio romano.
Los pies, de una amalgama de hierro y barro, simbolizaron la falta de cohesión social y política que existiría durante el dominio de la potencia mundial angloamericana.
Según Revelación 17:10 , la séptima potencia mundial “tiene que permanecer un corto tiempo”. ¿Cuánto tiempo es eso? ¿Cómo desaparecerá de la existencia? ¿Y qué pasará después? Daniel arroja mucha luz sobre estos interrogantes.
Una esperanza en la que usted puede confiar
Tras describir la imagen antes mencionada, Daniel escribió: “Una piedra fue cortada [de una montaña], no por manos, y dio contra la imagen en sus pies de hierro y de barro moldeado, y los trituró” (Daniel 2:34 ). ¿Qué significaría este portentoso espectáculo?
El profeta sigue diciendo: “En los días de aquellos [últimos] reyes el Dios del cielo establecerá un reino que nunca será reducido a ruinas. Y el reino mismo no será pasado a ningún otro pueblo. Triturará y pondrá fin a todos estos reinos [terrestres], y él mismo subsistirá hasta tiempos indefinidos” (Daniel 2:44, 45 ). Fijémonos en tres puntos importantes.
El Reino victorioso, representado por una gran piedra, es establecido por el propio Dios, no por manos humanas; por eso se lo llama correctamente el Reino de Dios.
El Reino de Dios “triturará” a todos los reinos humanos, entre los que figura la séptima potencia mundial. ¿La razón? Todos se negarán a ceder el poder y lucharán contra Dios en una gran guerra final entablada en un lugar simbólico llamado Har–Magedón, o Armagedón. La Biblia aclara que en esta batalla están involucrados “los reyes de toda la tierra habitada” (Revelación 16:13, 14, 16 ).
A diferencia de los gobiernos humanos transitorios, incluidas las siete potencias mundiales, el Reino de Dios“nunca será reducido a ruinas”; además, ejercerá su dominio sobre toda la Tierra (Daniel 2:35, 44 ).
La destrucción definitiva de los enemigos de Dios constituirá un espectacular cumplimiento de la profecía de Génesis 3:15 , mencionada en el primer artículo de esta serie. La Descendencia de la mujer, Jesucristo, aplastará a la serpiente simbólica, Satanás, y a su descendencia (Gálatas 3:16 ). La descendencia de Satanás se compone de todos los individuos que adoptan los caminos malvados de él y que promueven la independencia del hombre a la hora de gobernarse en vez de la sumisión a la autoridad de Dios y de Cristo (Salmo 2:7-12 ).
Lo anterior suscita una importantísima pregunta: ¿Cuándo se llevará a cabo esta destrucción definitiva? Sí, ¿cuándo eliminará la “piedra” (el Reino de Dios) todo vestigio de la gobernación humana? La Biblia da la respuesta en forma de una “señal” que distinguiría los últimos días (Mateo 24:3 ).
Reconozcamos “la señal”
La señal del fin comprende guerras a escala mundial, grandes terremotos, pestes y grave escasez de alimentos (Lucas 21:10, 11; Mateo 24:7, 8; Marcos 13:8 ). Otra marca de “los últimos días” sería la avanzada descomposición moral y espiritual de la sociedad (2 Timoteo 3:1-5 ). ¿Han tenido lugar “todas estas cosas”? (Mateo 24:8 .) Sí. Tanto que hoy día muchas personas temen el futuro. El diario The Globe and Mail informa: “Algunos de los más eminentes pensadores de la ciencia y la sociedad están lanzando pronósticos alarmantes sobre el fin de la humanidad”.
No obstante, tales predicciones se equivocan en un detalle muy importante: el género humano no desaparecerá. De hecho, la intervención del Reino de Dios es una garantía de ello. Al proporcionar la señal del fin, Jesucristo aseguró: “Estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14 ). ¿Cómo se ha hecho realidad esta profecía?
Los testigos de Jehová proclaman el Reino de Dios en más de doscientos treinta países y territorios. Es más, el título de su principal revista es: La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová. Jehová es el nombre personal de Dios (Salmo 83:18 ). Gracias al programa de educación bíblica emprendido por ellos, innumerables personas y familias han abandonado estilos de vida perjudiciales y han adoptado una conducta limpia y pacífica que se ajusta a las normas divinas (1 Corintios 6:9-11 ). Como resultado, millones por todo el mundo confían en obtener la protección de Dios cuando Su Reino tome el control de los asuntos humanos.
Serán, en efecto, testigos oculares del cumplimiento de la oración modelo que enseñó Cristo, llamada a veces el padrenuestro, y que dice en parte: “Venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:9, 10 , Sagrada Biblia, de Serafín de Ausejo). ¿Se imagina usted cómo será la vida en la Tierra cuando todos los seres humanos amen y obedezcan a Dios? Los siguientes pasajes bíblicos le ayudarán a entender lo apropiado de la expresión “buenas nuevas”.
Cuando se haga la voluntad de Dios en la Tierra...
La Biblia promete que bajo el Reino de Dios prevalecerá la auténtica paz
... habrá auténtica paz, no mera ausencia de guerras. “Jehová [...] hace cesar las guerras hasta la extremidad de la tierra. Quiebra el arco y verdaderamente corta en pedazos la lanza; quema los carruajes en el fuego.” (Salmo 46:8, 9 .) “Los mansos mismos poseerán la tierra, y verdaderamente hallarán su deleite exquisito en la abundancia de paz.” (Salmo 37:11 .)
... todo el mundo dispondrá de alimento en abundancia. “Llegará a haber abundancia de grano en la tierra; en la cima de las montañas habrá sobreabundancia.” (Salmo 72:16 .)
... se disfrutará de salud perfecta. “Ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’.” (Isaías 33:24 .)
... cada cual gozará de un hogar cómodo. “Ciertamente edificarán casas, y las ocuparán; y ciertamente plantarán viñas y comerán su fruto. No edificarán y otro lo ocupará; no plantarán y otro lo comerá.” (Isaías 65:21, 22 .)
... terminará el sufrimiento en todas sus formas. “La tienda de Dios está con la humanidad, y él [...] limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado.” (Revelación 21:3, 4 .)
¿Se siente atraído por estas promesas? Si es así, lo animamos a estudiar más a fondo la Biblia. En su investigación hallará más pruebas de que la cruel dominación del hombre por el hombre pronto tocará a su fin. Y verá que la Biblia es merecedora de toda su confianza, que realmente es inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16 ).